El vestuario en el fútbol, un “templo sagrado”

October 31, 2022

Todos los entrenadores de fútbol coinciden en que además de tener que gestionar lo meramente deportivo, es decir, el planteamiento táctico y estratégico de su equipo para preparar los partidos de cada fin de semana, otro de los trabajos que tienen que llevar a cabo es saber gestionar personas y gestionar los egos que conviven dentro de un vestuario, el “templo sagrado” por llamarlo de una manera metafórica, de cualquier equipo de fútbol.

Ese habitáculo dentro de cualquier estadio de fútbol es mucho más que el lugar donde los jugadores se cambian de ropa antes del partido o se duchan, después de él ......es mucho más que eso. La primera premisa que todos los integrantes de un vestuario deben tener clara es que, nadie dentro de él debe estar por encima del líder y ese líder no es otro que el entrenador que ocupa el banquillo. Si los jugadores no tienen claro que esa figura está por encima de todos ellos, puede comenzar la lucha de egos, llegando incluso a poder fisurar un vestuario, que si algo debe de hacer es estar unido y “remar” en la misma dirección para lograr los objetivos fijados cuando comienza la temporada.

Hoy en día, cualquier entrenador tiene un equipo técnico preparado, trabajando con y para él en parcelas tales, como la preparación física, medicina, scouting o analistas, segundo entrenador, utilleros etc.. por lo que esta parcela técnica-táctica estaría cubierta, para que él se dedique sobre todo a lo más importante, a la gestión de personas, además de futbolistas que conviven durante muchas horas juntos, ya sean deportistas de élite o jugadores amateur o de fútbol base.

“Todo lo que pasa en un vestuario, se queda en el vestuario”, esta es una de las máximas de cualquier equipo. Por eso en muchas ocasiones, aficionados, prensa  y público en general, opinamos de ciertas cosas que vemos sólo en el terreno de juego, desde nuestro asiento en la grada o en casa, sin saber muchas de las decisiones que se toman dentro de un vestuario, donde hay antes de nada, personas con sus vidas, sus problemas, sus alegrías y sus tristezas, aspectos que también, a pesar de ser profesionales, pueden llegar a influir de alguna manera en lo psicológico, ya que no hay que olvidar que el fútbol se juega fundamentalmente con la cabeza,  y que por lo tanto, desde fuera en muchas ocasiones  se nos escapan muchos condicionantes que hacen que un jugador pueda tener un día “bueno, malo o regular”.  El equipo tiene que ser un equilibrio sostenido en el tiempo y no sólo a nivel táctico, también a nivel emocional y grupal. Cuando ese equilibrio se rompe, la “salud” del equipo se ve afectada.

Pero ¿Cuáles pueden ser los enemigos internos del vestuario? Pues bien, uno de los psicólogos deportivos más considerados en la profesión y con una experiencia demostrada de más de veinticinco años trabajando con futbolistas, entrenadores y equipos de primer nivel, José Carrascosa, apunta cuáles son estos “enemigos silenciosos” del vestuario.

1.      Valorar el talento individual por encima del trabajo colectivo y la idea de equipo, ya que, en el alto rendimiento, la dimensión emocional marca la diferencia, también ocurre en los deportes de equipo. Funcionar como un auténtico equipo sobre el terreno de juego y en el vestuario hace que el potencial se multiplique.

 

2.      Ignorar el trabajo de “team building”,descuidar la importancia del factor humano, según Carrascosa, el sentimiento de equipo, la complicidad y el vínculo con los compañeros se tiene que crear, no se puede dejar a la improvisación. Si no se crean las condiciones para que todo esto exista, no se puede espera que haya un sentimiento de equipo.

 

3.      Seleccionar al futbolista solamente por criterios de fútbol, técnico-tácticos: Hay que prestar atención a la calidad humana de los futbolistas, ya que incorporar al grupo a personas tóxicas, puede poner en riesgo la viabilidad de ser un auténtico equipo.

 

4.      Escasa competencia interna=acomodamiento: Si la gestión de la plantilla por parte del entrenador dibuja de forma clara una división entre titulares y suplentes esto derivará en una desmotivación, rutina y acomodamiento

 

5.      Egoísmo egocéntrico: Es peligroso o nocivo cuando choca con los objetivos colectivos.

 

6.      No saber gestionar la frustración: El rendimiento es un estado de ánimo. La ilusión o la pasión son emociones que suelen intervenir a la hora de tener un rendimiento óptimo. Por lo tanto, gestionar mal la frustración impide progresar y aparta de los objetivos de la evolución del equipo.

 

Además de estos condicionantes hay muchos aspectos más: El temor, el pesimismo o la suspicacia. Las excusas y justificaciones, la aparición de roles “tóxicos” dentro del grupo. La existencia de “pandillas” o subgrupos, las polémicas y rivalidades con enfrentamientos estériles, las derrotas y resultados negativos que pueden desencadenar en una crisis conjunta o la desafección respecto al equipo o al club, que pueden además colaborar en destruir la unión de un vestuario. El equipo es un equilibrio muy sensible y frágil, que se tiene que conseguir entre todos porque este no es únicamente responsabilidad del entrenador.

 

 

 

 

 

 

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